La economía conductual tiene tanto de psicología como de economía. Nuestra forma de pensar se traduce en como compramos, nuestra forma de ahorrar y gastar.

Nuestro cerebro interpreta lo gratuito desde el primer instante. Nadie se queja de un juego gratis. No son pocos los juegos que se ponen la careta de gratuitos, sin embargo esconden pasarelas de pagos, si quieres mejorar el escudo, paga. Si quieres atajos, paga. Si quieres aumentar tus victorias, paga. Si quieres acceder a sitios especiales, paga. Claro que entre el eslogan de juego gratis y el paga por todo hay una enorme diferencia.

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Los juegos gratuitos no son un género, sino un tipo de distribución, pero sus mecánicas han llegado a lo largo y ancho del videojuego actual. Sus elementos se podrían agrupar en tres secciones:

Potenciadores temporales. Nos hacen medrar más rápido, conseguir experiencia mucho antes o ser más fuertes.

Desbloqueos. Aquí no habrá acceso si no pagamos, para niveles, vehículos, personajes extras, armas, etc. Con candado que forma parte de un club selecto para jugadores pudientes.

Elementos cosméticos. Sprays, ropitas, voces, poses, emblemas y demás accesorios estéticos que en ningún caso condicionaran el progreso de la jugada.
Esta persistencia se debe a que la razón es la misma que determina su éxito, un sistema vivo y mutante, sobre el que afectan las decisiones del juego.

Una narrativa que premia al jugador veterano y pudiente. Porque no todo va de canjear fichas y cartas. Algo heredado del rol del juego de mesa:

Aumenta su vida útil porque no se juega de forma redundante. Este tipo de cambios pueden entrar rediseñando el escenario y expandiéndolo. Para lograr retención en los jugadores, dan retos diarios que te premian con cofres, monedas, etc. Que solo adquieres con la primera jugada del día. Existen muchas herramientas pero la principal se basa en el impacto que tendrá como lleven su propio juego.