Vivimos en el siglo XXI, una época en la que lo que más sobresale es la tecnología, algo que forma parte de nuestro día a día, pues nuestros móviles están presentes en muchos momentos de nuestras vidas, y cada vez se introduce más en nuestras vidas, el claro ejemplo son los relojes inteligentes que nos permiten saber y medir algunos aspectos de nuestra salud, como el rendimiento físico que tenemos, además de llevar el control de nuestras agendas.

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Sin duda el internet es un libro en el que podemos encontrar prácticamente cualquier información, y no solo información de temas de interés popular, sino también información personal de muchas personas, incluyéndonos. Esto tiene dos repercusiones en la cuestión como la ley debería percibir a la tecnología.

La primera forma en la que la ley ve a esta, es que es una fuente de información en la que podríamos encontrar evidencia de algunos crímenes, tal vez fotografías, e inclusive mensajes en los que el contenido sea incriminatorio, sin embargo, una barrera a la que los gobiernos se han enfrentad es que las empresas tienen la obligación de defender la información privada de sus usuarios. Sin embargo, este dilema moral implica no solo a quienes se encargan de hacer cumplir la ley, sino a cada uno de los usuarios, pues ¿estaríamos dispuestos a que nos vigilen en cada movimiento que realizamos?

La segunda forma en que las leyes deberían ver a la tecnología es que esta es no solo una fuente de información, sino también un posible escape de la información hacia terceros, información no solo personal, sino también de organismos. Tal es el caso de los Panamá Papers, un caso que involucro bases de datos de diversos países.

Sin duda la tecnología nos ha facilitado mucho la vida diaria sin embargo hay que considerar seriamente si es nuestra aliada, o nuestra enemiga.